Empecemos con Platón, con su célebre metáfora del barco, donde imagina a la Polis (a la ciudad), como una nave gobernada por la ignorancia.
El dueño del barco —el pueblo— es fuerte, pero corto de vista y fácilmente engañado por marineros ambiciosos que compiten por el timón sin conocer el arte de la navegación.
Pilotear un barco se ha complicado mucho más desde entonces. Hoy en día no solo se necesita de un capitán, también de ingenieros navales que entiendan la estructura del barco, de meteorólogos que anticipen las tormentas, de técnicos que mantengan los motores, de navegantes que interpreten los instrumentos, e incluso de analistas que calculen las rutas y el consumo de combustible.
Las aguas por las que tiene que atravesar el barco (el municipio) ahí están, las impone la propia constitución en el multi citado artículo 115; que consiste básicamente en ordenar política y administrativamente un territorio, y para ello, le otorga la facultad de constituirse en un gobierno y en una administración, con patrimonio propio, a fin de que se haga cargo, entre otras cosas, de prestación de los servicios públicos básicos.
Y nos referimos a los servicios públicos básicos porque mucho tienen que ver con la calidad de vida de la ciudad. De ahí que comprendamos que, la cantidad, calidad y calidez en la prestación estos servicios, se presenta como “un turbulento mar” a estas aguas que hay que atravesar.
Saber atravesar de manera exitosa estas aguas, es cumplir con la razón de todo gobierno: El bien común. El bien común, sería llegar a puerto seguro. Y para efectos concretos “el tamaño” del bien, reflejará, en gran parte, el nivel de calidad de vida.
Pero volvamos a “quién y cómo debe pilotear el barco”. Y para ello, partimos como primer elemento, en fortalecer nuestra vida democrática. Pero, ¿qué significa esto?: Se trata en primera instancia de no convertir a la democracia en nuestro enemigo. ¿Por qué esta afirmación? Porque nuestro sistema político (vía partidos políticos) presenta una oferta muy limitada de opciones.
Elección tras elección, nos ofrecen que elijamos capitanes de barco que representan intereses, pero no liderazgos sociales, empresariales o culturales. Nos ponen ante un panorama de elegir a quien ya no deseamos elegir, o al que ni siquiera sabe que es un timón, ni a donde esté el puerto seguro; y que asustan con olas de un metro de altura. Esta oferta ya no la hacen los partidos políticos, sino las dinastías de poder.
Fortalecer la vida democrática, no es significa buscar una confrontación con los partidos, por el contrario, significa la necesidad de mejorar su oferta y su democracia interna. Pero si esto no le alcanza a los partidos; habrá de explorarse y recurrir al liderazgo social. La invitación sería tanto a los partidos como de sociedad, para enfocarnos en los liderazgos sociales, alta y genuinamente representativos; para la consolidación de un sistema de liderazgos que fortalezcan nuestra vida democrática.
Un indicador de fortalecimiento democrático, donde exista un sistema con el protagonismo del liderazgo social que mejore las opciones políticas, sería una notable disminución del abstencionismo; además esto, nos llevaría a tener elecciones más limpias y seguras. A propósito, ¿quién gana con la abstención? ¿Nos podrá responder alguna autoridad electoral?
Entonces, para crecer exponencialmente en democracia, se tendría que:
Una estrategia de transformación para alcanzar al Nuevo Reynosa, debe empezar por el aspecto político; es decir, por el gobierno. Desde generar las circunstancias para una mejor elección, pasando por la conformación de un Ayuntamiento auténticamente representativo; y la consolidación del Ayuntamiento como el Órgano Máximo de Gobierno Municipal con decisiones mayoritarias y colegiadas; más NO impuestas por quien presida el Ayuntamiento.
Se trata entonces, en primera instancia, de ampliar y mejorar las opciones para elegir a quien va dirigir el timón del barco. Esto sería apostarle a una mayor y mejor oferta política, con el propósito de que se refleje una mayor cantidad y calidad en la votación.
Cantidad, es alejarnos lo más que se pueda de ese, casi 60% tradicional, que NO quiere ir a votar. Y calidad, es que esa votación este destinada, para el que mejor pueda comandar el barco y nos lleve a puerto seguro.
Porque cuando el barco se estrella ¿a quién culpamos? NO al que vota, sino por quien votamos. Y se toma una posición ciudadana cómoda, de hacer juicio contra el que votamos; pero no hacemos juicio del porqué votamos así. O lo que es peor: Se hace un juicio muy ligero y a nuestro favor, del porque ni siquiera vamos a votar.
Ante ello, solo recordamos que: Lo que importa es Reynosa; y Reynosa NO es el Titanic.
Carlos de Alejandro Acevedo
Reynosa Tamaulipas. Febrero 2026