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Sin seguridad social, nueve de cada 10 trabajadores agrícolas de San Quintín, BC

Por: Administración
2026-03-31 20:15:43
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LA JORNADA. ¿Cuántos trabajadores están afiliados al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) en San Quintín? El secretario del Trabajo en el estado, Alejandro Arregui Ibarra, titubea. Antes de soltar la cifra, ofrece una explicación: “La mayoría de los trabajadores agrícolas son eventuales, es decir, atendiendo a la temporada del producto, a los ciclos... eso genera que haya altas y bajas en el IMSS. El último dato que tenemos es que son casi 5 mil los trabajadores reportados, pero apenas empieza la temporada de berries”.

Según el último censo agropecuario que levantó el Inegi en 2022, en San Quintín había 47 mil 197 jornaleros, de los cuales 28 mil 841 eran hombres y 18 mil 356 mujeres. Si nos atenemos a esa cifra, hay cuando menos 42 mil que viven sin algún tipo de seguridad social en una de las zonas agrícolas más tecnificadas del país, pionera en agricultura protegida (invernaderos y malla sombra), donde la totalidad del riego es por goteo.

Raquel empezó a cosechar pepinos a los 8 años en el rancho Los Pinos. “Como no podía cargar el bote, porque no lo aguantaba, hacía los montoncitos (de la hortaliza) en el suelo. Mi papá los recogía y los ponía en el suyo. Igual el tomate. Los niños ayudábamos”, recuerda, y agrega que la situación empezó a cambiar después de 2015, cuando miles de jornaleros tomaron la Traspeninsular y pararon la cosecha de fresa y tomate.

“Las cosas han mejorado”, apunta, “porque yo, a partir de los 10 años, ¡imagínate, iba en quinto año de primaria!, era parte de una cuadrilla de niños que los sábados y domingos esperaba el camión para ir a deshierbar o a levantar el cebollín, brócoli... y después, cuando ya tenía 14, 15 años, iba a la fresa. En esta última podía ganar mil pesos en un día, porque pizcaba muy rápido. Y un año dejé de estudiar. Cuando llegaba inspección le avisaban a mi patrón un día antes; estábamos alertas y nos íbamos corriendo a escondernos en un monte”.

A sus 36 años ha pasado por varios campos agrícolas. El último fue uno de BerryMex, donde era tan productiva que la misma empresa le facilitó las cosas para que obtuviera la visa H2A y pudiera trabajar en una planta de Estados Unidos, dedicada a la selección de la raíz de la fresa durante septiembre, octubre y noviembre (varios años recorrió ese ciclo). Ya crecida, esa plántula es traída de Nevada o de California para ser sembrada en San Quintín, en los campos que trabajan por contrato con la trasnacional.

“Nos seleccionan para laborar en EU”

“Nos seleccionan. Uno de los requisitos es contar con el pasaporte, y no tener problema para viajar a Estados Unidos. Ellos nos llevan, nosotros hacemos el primer trámite en una aplicación. Si califica-mos nos llevan al consulado (en Tijuana), nos pagan la visa de trabajo... cuesta 3 mil 200 pesos. Allá no nos cobran la vivienda, así que podemos ahorrar. Dormimos en galeras. Y hay que regresarse de inmediato si quieres volver al siguiente año”.

No hay más opción que la de “saliendo y pagando”

Los contratos en las grandes empresas de San Quintín son de cinco o seis meses, explica, “y no siempre te lo renuevan, sino hasta el siguiente año de cosecha”, así que no hay otra opción que trabajar “saliendo y pagando” una parte del año. “Es una modalidad que nos permite ir a los distintos ranchos: al chícharo, al pepino, a lo que haya y, como nadie pide papeles, se puede empezar a trabajar en cuanto llegan de Oaxaca, Chiapas o Guerrero. También sirve a las parejas jóvenes que todavía no tienen 18 años y no tienen papeles... hasta los haitianos estuvieron aquí un tiempo”, platica sin asomo de molestia.

El desarrollo tecnológico alcanzado por las grandes empresas permite que haya cultivos todo el año, lo cual propició que los jornaleros se asentaran en San Quintín formando una comunidad que se asume como “oaxacalifornianos”, término que en un comienzo tenía connotación despectiva, pero que ahora es reivindicado por algunos sectores.

En el censo 2020, 41.3 por ciento de quienes viven aquí reportaron haber nacido en Oaxaca. Los padres de Raquel son de Tlaxiaco y llegaron cuando tenían 15 y 16 años, y un niño de seis meses –su hermano mayor–, directo a los campos agrícolas.

En los años 70 y 80 la migración estuvo constituida principalmente por hombres que viajaban sin sus familias. Muchos de estos jornaleros alternaban los periodos de cosecha en San Quintín, de junio a septiembre, con el trabajo agrícola en Sinaloa, que empezaba en octubre y terminaba a finales de abril. Después, además del tomate se empezaron a producir cultivos de primavera e invierno, como la fresa y el cebollín, lo cual hizo que la producción se extendiera todo el año.

Así, el patrón migratorio se transformó de temporal e individual a permanente y familiar, según se señala en el estudio Crecimiento agrícola y condiciones de trabajo en el Valle de San Quintín, del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores de Antropología Social (Ciesas).

Los jornaleros con el salario mínimo más alto

El salario mínimo hoy es de 440 pesos –en 2015 era de 130 pesos–, el más alto del país. Las empresas y las instituciones públicas combaten el acoso sexual contra las mujeres en los surcos, es muy escasa la presencia de niños en los campos y la mayoría de las familias ya no vive en las barracas de los ranchos, aunque sus viviendas en las colonias son muy precarias.

En ocasiones, Estados Unidos incluye temas laborales en las negociaciones del T-MEC (Tratado México-Estados Unidos-Canadá). Todo ello ha ido cambiando la situación de los jornaleros, como describe dicho estudio a lo largo de más de 150 páginas.

No acumulan semanas cotizadas en el IMSS

Sin embargo, este estudio, publicado en 2022 –uno de los más actualizados y con gran cantidad de datos, porque consiguió el permiso de los dueños de los campos para encuestar a los jornaleros en su sitio de trabajo–, se topó con que en promedio los jornaleros acumulan apenas tres años de cotización en el IMSS, no sólo porque los contratos son temporales, sino porque, según expresaron los propios trabajadores, los dan de alta unos días y después los bajan, de tal manera que no acumulan semanas.

El estudio concluye que, aunque las condiciones laborales de los jornaleros han cambiado, “esta transformación no ha ocurrido de manera homogénea.

Mientras hay trabajadores que cuentan con contrataciones formales y todas las prestaciones de ley, es posible identificar a aquellos que trabajan por el jornal con patrones distintos y sin ninguna relación labor reconocida”, lo cual es “consecuencia del mismo desarrollo de la agroindustria de exportación en la región”. Sin embargo, deja a salvo a las grandes empresas.

Al respecto, el estudio Jornaleros agrícolas y corporaciones trasnacionales en el Valle de San Quintín, de Anna Mary Garrapa, publicado por el Colegio de la Frontera Norte, ofrece otro ángulo de este esquema de desarrollo centrado en la exportación.

“En perfecto estilo californiano, se pasó a la producción intensiva de cultivos de alto valor económico y, gracias a las innovaciones tecnológicas, se alcanzó un aumento del rendimiento por hectárea y un equilibrio productivo durante casi todo el año. Hubo una reducción del tomate, cultivo líder en el valle, y una ampliación de las variedades, particularmente de cebolla, pepino y finalmente las fresas”.

En particular, con el modelo de Driscoll’s/ BerryMex (donde una actúa como exportadora y otra como su productora), explica, “el agricultor recibe exclusivamente variedades propietarias, que tiene que destruir una vez que se cumpla con la cantidad de producción requerida por la misma comercializadora... la relación de la empresa local asociada con (ellas) resulta muy estrecha y está caracterizada por una fuerte dependencia financiera y un control profundo de todo el proceso productivo...”

El valle constituye una prolongación de California

El valle está “geográfica y económicamente mucho más integrado a Estados Unidos que a México”. Su localización fronteriza encaja con los prósperos mercados de consumo estadunidenses y su orientación principal a la exportación”. La producción de berries “representa el fenómeno más emblemático de cómo el valle constituye actualmente una prolongación productiva de California”.

Pero “a pesar de las enormes ganancias conseguidas en el mercado estadunidense de las bayas frescas... no han mejorado sustancialmente las condiciones salariales y el acceso a la protección social de los empleados, sobre todo los temporales, después del masivo paro laboral realizado en marzo de 2015.

“La separación entre los propietarios de la tierra, empresas agrícolas y corporaciones transnacionales, combinada con la multiplicidad de los niveles de intermediación laboral, crea un contexto extremadamente complicado para los trabajadores, que en muchos casos no logran identificar a los actores económicos finalmente responsables de la explotación vivida en el surco”, concluye Garrapata.


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