INFOBAE. México vuelve a colocarse en el mapa mundial de la biodiversidad tras el hallazgo de Yakacoatl tlalli, una serpiente nunca antes descrita que no sólo constituye una especie nueva, sino también un género completamente inédito. El descubrimiento confirma que los ecosistemas del país, especialmente los de difícil acceso, siguen resguardando formas de vida desconocidas para la ciencia.
La identificación fue posible gracias al trabajo conjunto de especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) la Universidad de Texas en Arlington y el Conicet de Argentina.
Investigadores como Óscar Flores Villela, Gustavo Campillo, Ricardo Palacios, Antonio Yolocalli Cisneros y otros expertos integraron un equipo multidisciplinario que analizó los pocos ejemplares disponibles.
Yakacoatl tlalli pertenece a la tribu Sonorini, grupo de serpientes pequeñas y no venenosas con hábitos principalmente subterráneos. De acuerdo con los especialistas, su anatomía presenta modificaciones excepcionales:
Estas características la distinguen de otros integrantes del grupo, compuesto por alrededor de 11 géneros distribuidos entre el norte de México y el sur de Estados Unidos. La mayoría habita zonas secas o semiáridas, y sólo unas cuantas especies logran sobrevivir en ambientes de montaña.
Uno de los elementos decisivos fue el estudio de los hemipenes, estructuras reproductivas de los machos. Su forma y disposición resultaron totalmente diferentes a las de cualquier otra serpiente conocida, lo que permitió confirmar que se trataba de un linaje independiente.
“Los hemipenes son caracteres fundamentales para diferenciar especies cercanas; en este caso fueron la prueba definitiva de que estábamos ante un género nuevo”, explicó Flores Villela.
Hasta ahora sólo se conocen tres ejemplares: dos encontrados sin vida y uno observado brevemente antes de ser liberado. Todos proceden de la cuenca del río Balsas, región xerófila con clima semidesértico y alto número de endemismos.
Sobre su dieta apenas existen pistas. En uno de los individuos se halló la cola de un alacrán, lo que sugiere que podría alimentarse de artrópodos del suelo, aunque no se descarta el consumo de insectos y lombrices.
Se debe cuidar la biodiversidad del país Crédito: Greg McFall/Wikimedia, Ramos Keith/ Wikimedia, Claudio Giovenzana/Wikimedia
La falta de información impide evaluar su estado de conservación, pero los científicos advierten riesgos evidentes:
“Muchas personas creen que los reptiles toleran cualquier calor, pero sus límites térmicos son estrictos; un aumento excesivo puede ser letal”, señaló Yolocalli Cisneros.
Equipos de investigación continúan realizando muestreos para conocer su reproducción, comportamiento estacional y distribución real. Organizaciones como Totlok A. C., integrada por académicos de la UNAM, impulsan además proyectos de educación ambiental en comunidades locales.
El hallazgo de Yakacoatl tlalli representa mucho más que una curiosidad científica: es un recordatorio de la riqueza natural del país y de la responsabilidad de protegerla. Cada nueva especie descrita amplía el conocimiento humano, pero también exige acciones concretas para que estos seres —ocultos bajo nuestros pies— sigan formando parte del patrimonio biológico de México.