MILENIO. El sur de Tamaulipas concentra algunos de los humedales más valiosos del estado, recursos esenciales para la biodiversidad, la regulación del agua y la protección contra inundaciones. Pero hoy estos ecosistemas están en riesgo: la pérdida acelerada, la contaminación y el abandono institucional avanzan sin freno, advierten ambientalistas, pudo comprobar MILENIO.
A pesar de cumplir con criterios ecológicos, los humedales de la zona conurbada no han sido impulsados para obtener la categoría de sitio Ramsar, el máximo nivel de protección internacional, ni cuentan con una declaratoria nacional, lo que los deja en una situación de vulnerabilidad estructural.
La falta de reconocimiento limita el acceso a mecanismos de conservación, financiamiento y vigilancia, permitiendo que la pérdida de superficie y la contaminación avancen de forma sostenida y silenciosa, hasta configurar un escenario de alto riesgo ecológico en Tampico, Madero y Altamira.
Los humedales son zonas de transición entre la tierra y el agua, generalmente de poca profundidad. De acuerdo con la Convención Ramsar, tratado internacional enfocado en su conservación, se trata de superficies terrestres que permanecen temporal o permanentemente inundadas y que mantienen una estrecha relación con los seres vivos que las habitan.
Vega Escondida y Carpintero, vitales pero frágiles
Humedales emblemáticos como la laguna del Carpintero, en el corazón urbano de Tampico; La Vega Escondida, en la Casa de la Naturaleza, y los sistemas asociados a las marismas y al cordón litoral de Altamira carecen de declaratoria nacional e internacional, lo que limita su acceso a recursos y mecanismos de conservación.
En el caso de La Vega Escondida, las gestiones quedaron inconclusas, señala el ambientalista José Luis León Hurtado, quien lideró un grupo que buscaba cumplir los requisitos para incorporarla primero al Sistema Nacional de Áreas Naturales Protegidas —administrado por la Federación a través de la Conanp— y después como sitio Ramsar.
Solo fue considerada “Zona Especial Sujeta a Conservación Ecológica” mediante un decreto municipal de 2003 en Tampico, lo que le da protección únicamente a nivel local. Su declaratoria internacional debe gestionarse a través de la Convención Ramsar sobre los Humedales, con sede en Gland, Suiza, que promueve la conservación y el uso racional de estos ecosistemas.
“Nos pedían, para Conanp (Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas) y Ramsar, datos de fauna y flora del humedal. Biólogos de Seduma se integraron en la administración pasada y, hace un año, al reunirme con la nueva secretaria de Medio Ambiente, me dijeron que todavía están trabajando en ello”, dice el exdirector de la Casa de la Naturaleza.
Es prioritario, añade, retomar las gestiones, pero primero hay que cumplir con los lineamientos. “El proceso se quedó a la mitad y se debe reactivar. Hacemos un llamado a la Seduma para entregar los estudios pendientes tras el cambio de gobierno”.
El también presidente del Consejo Ciudadano del Estuario del Río Pánuco subraya que la intención es extender la declaratoria nacional e internacional a todo el sistema lagunario, del cual forma parte La Vega Escondida. Sin embargo, se busca iniciar primero con esta última, que abarca alrededor de 1,275 hectáreas de las 42 mil 750 que conforman todo el sistema.
Este humedal urbano funciona como regulador hídrico en una zona vulnerable a inundaciones, alberga diversas especies de fauna y constituye un espacio clave para la educación ambiental en una ciudad afectada por la presión inmobiliaria y el crecimiento urbano desordenado.
Para avanzar, el proceso requiere estudios técnicos, delimitación del polígono, definición de la tenencia de la tierra y un esquema de manejo integral, elementos que aún no se han desarrollado de manera sistemática. Con cada cambio de administración, el tema tiende a diluirse.
Aunque México cuenta con 144 sitios Ramsar, Tamaulipas tiene apenas dos: la Laguna Madre, vital para las aves migratorias, y la playa tortuguera Rancho Nuevo, esencial para la supervivencia de la tortuga lora.
La Laguna Madre es el vaso hipersalino más grande del mundo y el cuerpo de agua más extenso del país. Ubicado en el Golfo de México, cerca de la frontera con Texas, este sistema costero está rodeado por una barrera de arena de 223 km y alberga 144 especies de aves acuáticas en sus 240 mil hectáreas, abarcando los municipios de Matamoros, San Fernando y Soto la Marina.
Rancho Nuevo, en Aldama, en la franja centro-sur, es la principal playa del mundo para la tortuga lora, especie endémica del Golfo de México, con cerca del 80 por ciento de la anidación global. El área protege, además, lagunas costeras, dunas, marismas y esteros, que sostienen una rica biodiversidad de moluscos, crustáceos, peces, tortugas, aves, mamíferos marinos y manglares.
El sur de Tamaulipas es la región más amenazada del estado, señala el activista Miguel Ángel Verástegui, quien destaca al sistema Garrapatas, en Altamira, como el humedal costero estuarino con mayor nivel de depredación. Integrado por esteros, zonas inundables y manglares, conecta cuerpos lagunares con el sistema Chairel-Tamesí, y se estima que ha perdido cerca del 70 por ciento de su superficie sin que existan medidas de contención.
“El impacto del desarrollo urbano e industrial ha sido particularmente severo en Altamira, donde la construcción del puerto implicó la destrucción de amplias zonas de humedales”, subraya el director de la Asociación Mediadora para el Bienestar Inteligente (Ambientam).
Expone que “la pérdida de los manglares en el cordón litoral, que antes actuaban como barrera natural, constituye una destrucción ambiental irreversible. Sus características salinas eran únicas y no pueden equipararse a los manglares de agua dulce de otras lagunas de la región”.
Recuerda que en Tampico, “la laguna del Carpintero ha sufrido tala de manglares en varias ocasiones: entre 2007 y 2008, y nuevamente en 2013, cuando se buscó devastar áreas. En el segundo intento se afectaron 6.9 hectáreas, lo que derivó en un proceso legal que llegó hasta el tribunal federal de justicia, el cual determinó que se trataba de un daño ambiental grave”.
“Aunque en 2019 se anunció un proyecto de restauración tras el fallo, seis años después el daño no se ha reparado, dejando al municipio en desacato legal, administrativo y federal”, denuncia el especialista.
Por otro lado, apunta que la contaminación es el enemigo silencioso de los humedales. No se trata de las aguas negras, sino de las jabonosas y grises, llenas de detergentes, cloro y químicos, que destruyen la vida acuática desde la raíz y bloquean el crecimiento del manglar.
Asegura que en el Carpintero se han identificado al menos 25 vertederos ilegales de aguas residuales sin tratamiento. “Estudios realizados entre 2018 y 2019, con muestreos oficiales, documentaron concentraciones contaminantes entre 6,000 y 30,000 veces por encima de los límites permitidos por la normatividad ambiental”.
Verástegui Cavazos sostiene que existen mapas, registros fotográficos y evidencia técnica que respaldan estas descargas. Advierte que, si no se toman acciones inmediatas, el escenario para los próximos cinco años es crítico. Y el costo de seguir ignorándolo será mayor, porque la velocidad de desaparición de los humedales es tres veces mayor que en el caso de los bosques.
El sur de Tamaulipas, rodeado de mar, ríos y lagunas, concentra una riqueza natural estratégica que hoy enfrenta un deterioro lento pero irreversible, destaca el oceanólogo Marcelo René García Hernández.
Dice que los humedales cumplen una función silenciosa pero esencial: actúan como filtros naturales del agua y como barreras de protección que amortiguan fenómenos meteorológicos, retienen sedimentos y previenen la erosión del litoral.
Ese equilibrio, sin embargo, se ha ido perdiendo. El especialista explica que, en la zona sur, varios tramos del cordón litoral presentan procesos de erosión acelerada, en buena medida vinculados a la desaparición de manglares.
Al norte, en la Laguna Madre, particularmente en la zona de Mezquital, la pérdida de cobertura vegetal es evidente, un deterioro que los expertos asocian al desarrollo del puerto de Matamoros y a la presión derivada de nuevas obras de infraestructura.
Las propias características físicas del sistema agravan el escenario. La Laguna Madre, comenta García Hernández, apenas alcanza en promedio dos metros de profundidad en su zona norte, lo que la vuelve especialmente vulnerable a los impactos ambientales.
Enfatiza que, al deterioro general de los humedales se suma la falta de vigilancia y, sin una ciudadanía informada sobre su importancia y una supervisión ambiental limitada por la escasez de inspectores de la Profepa, la intervención suele llegar cuando el daño ya está hecho.
Desde la Subsecretaría de Medio Ambiente de Tamaulipas se reconoce la importancia estratégica de los humedales. Su titular, Karl Heinz Becker Hernández, señala que, por su relevancia, la Laguna Madre ocupa el primer lugar en el estado al contar con la denominación de sitio Ramsar.
Tamaulipas cuenta con 403 kilómetros de litoral, donde humedales y manglares cubren amplios tramos de la costa. Estos ecosistemas, subraya el funcionario, brindan servicios ambientales clave —captura de carbono, incubación de especies marinas y anidación de aves— y sostienen la economía pesquera en comunidades como La Pesca y Carboneras, al funcionar como verdaderas incubadoras de vida y pilares de estabilidad regional.
Sobre la ampliación de áreas protegidas, Karl Heinz menciona que la prioridad del gobierno estatal es fortalecer los ecosistemas existentes, mediante diagnósticos técnicos y la delimitación de polígonos, para posteriormente impulsar proyectos que eleven su nivel de protección, incluida, eventualmente, la categoría Ramsar.
El proceso se desarrolla en coordinación con la Federación, al tratarse de una competencia de ese ámbito en materia de humedales, litoral y áreas naturales protegidas.