DINERO EN IMAGEN. Simon Johnson, ganador del Premio Nobel de Economía 2024 y profesor del MIT, advirtió que la inteligencia artificial (IA) podría poner en riesgo los empleos bien remunerados y provocar la desaparición de la clase media.
Johnson, reconocido por sus estudios sobre instituciones económicas y desarrollo, señaló que la IA está acelerando cambios en el mercado laboral que afectan incluso a sectores tradicionalmente considerados estables, como el tecnológico.
En su análisis, el problema no es únicamente la sustitución de tareas, sino la transformación de las oportunidades de ascenso profesional.
El economista fue nombrado recientemente embajador de inteligencia artificial del Reino Unido, un cargo orientado a impulsar políticas que permitan una distribución más equitativa de los beneficios de esta tecnología.
Según Johnson, el escenario más probable no sería una crisis de desempleo generalizado, sino una transformación del mercado laboral que disminuya la cantidad de puestos de trabajo de calidad.
“No creo que sea desempleo masivo, porque eso no sucede en la economía estadounidense. A menos que se produzca una Gran Depresión, lo cual no es probable. Lo que sucede es la pérdida de la clase media, el desplazamiento de mucha gente hacia abajo”, explicó.
El punto central de su advertencia es la presión que la automatización está ejerciendo sobre los salarios y las posiciones intermedias.
En lugar de reemplazar completamente a los trabajadores, la inteligencia artificial estaría reduciendo la necesidad de perfiles especializados en tareas que antes garantizaban ingresos altos.
Uno de los ejemplos que menciona es el sector de la programación. Durante años, la formación en informática se consideró una vía segura hacia empleos bien pagados.
Sin embargo, el avance de herramientas de IA capaces de generar código ha modificado esa expectativa.
“Ahora les dicen: ‘No, gracias’, porque la IA puede programar mejor. Eso plantea un gran problema sobre cómo los jóvenes podrán ascender profesionalmente”, advirtió.
Este cambio muestra una tendencia más amplia en la que la automatización ya no solo afecta trabajos manuales o repetitivos, sino que también empieza a influir en tareas cognitivas de alto valor.
Johnson reconoce que las transformaciones tecnológicas históricamente han generado nuevos empleos. Sin embargo, su preocupación está en el desfase temporal entre la destrucción de puestos bien remunerados y la creación de nuevas oportunidades.
En su visión, el corto plazo muestra una tendencia clara hacia la reducción de empleos de calidad, mientras que los beneficios de la innovación podrían tardar más en distribuirse de forma amplia.
“La trayectoria actual sugiere más automatización y menos trabajos bien remunerados. Existe una alternativa, pero el panorama se ve cada vez más sombrío”, señaló.
Este punto abre un debate sobre la capacidad de los mercados laborales para adaptarse a la velocidad del cambio tecnológico. La transición no solo implica reconversión de habilidades, sino también ajustes en educación, políticas públicas y sistemas de protección social.
Para el economista, el impacto de la inteligencia artificial no depende únicamente del avance tecnológico, sino de las decisiones políticas que se tomen en los próximos años.
Johnson insiste en que los gobiernos tendrán un papel determinante para evitar que la IA amplíe las desigualdades existentes. La regulación, la inversión en capacitación y la redistribución de los beneficios tecnológicos aparecen como elementos clave para equilibrar el impacto en el mercado laboral.